La Torre Vigía es un periódico digital que ofrece noticias sobre el IES Torre del Tajo, centro educativo de Barbate. Informa sobre eventos, logros y actividades estudiantiles. Este proyecto pretende difundir entre la comunidad educativa los acontecimientos más relevantes del instituto.

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Sin carga en mí

Hola, bienvenidos a mi artículo. Aquí os contaré algo de mi vida.

Os voy a poner en situación: un día cualquiera, como otra persona, me quedé en casa de una amiga a dormir y esa misma noche tenía muchísima sed. En ese momento, ya me podía beber 100 litros de agua que seguía sedienta. Entonces, mi amiga que sabía sobre el tema porque tenía esta enfermedad, se lo comunicó a mi madre.

Ella se preocupó y me llevó al médico, y me hicieron un análisis de sangre. A los dos días, estaba en clases particulares y vino súper preocupada porque tenía la glucosa a más de 300, cosa que para cualquier una persona no es lo normal. Entonces me subí al coche y fuimos al hospital rapidísimo.

Nunca me olvidaré de ese día porque fue mi debut. Yo no lo podía creer: quedaba tres días para mi comunión y estaba encerrada en un hospital sin saber nada del tema.

En fin, me diagnosticaron Diabetes tipo 1, que es una enfermedad súper peligrosa si no la controlas. Se produce cuando el páncreas no puede producir insulina. El cuerpo puede obtener glucosa de los alimentos, pero la glucosa no puede entrar en las células que la necesitan. La glucosa permanece en la sangre, lo que hace que las concentraciones de azúcar en sangre aumenten demasiado y causen problemas de salud hasta llegar, en casos graves, a producir el coma.

Cuando me lo contaron no sabía cómo procesarlo: ¿por qué yo?, ¿qué he hecho mal?, ¿durará para siempre?… Lamentablemente, yo tenía diez años, pero saqué fuerzas de donde pude e intenté hacer las cosas que me decían los enfermeros ya que no tenía otra opción.

Esta enfermedad implica muchos inconvenientes, como no comer más las galletas que me encantaban, chuches o simplemente tener que sacar muchos alimentos de mi día a día.

Para una niña de diez años no era fácil que, de un día a otro, te soltaran todo esto. Entonces, gracias al pedazo de madre y abuela que tengo, lo pude llevar mejor.

En los tres primeros años lo llevaba bien porque mi madre estaba siempre encima de mí, controlándome y haciéndolo lo mejor posible, aunque yo no podía evitar comerme alguna cosa y esconder el plástico, o simplemente decir que yo no fui.

Una de las peores veces que lo pasé mal fue el día de mi comunión. Estaba todo comprado (chuches, chocolates, patatas, etc.), y yo no podía comer nada de eso, os preguntaréis qué hice… La verdad que no pude hacer nada al respecto.  Los doctores me dieron un voto de confianza para poder salir el viernes por la tarde el cual me confesé en la iglesia, ya que no pude hacerlo antes con todo los niños y el sábado hacer la comunión e irme el domingo de vuelva al hospital. La verdad que se lo agradecí mucho a todo el equipo médico, ya que fue un milagro que pudiera salir un poco con mi gente.

Pero bueno, la verdad es que en el hospital me trataron muy bien, y siempre tuve su apoyo. Allí pasaron muchísimas cosas, pero de este tema ya hablaremos en otro artículo.

En fin, os preguntaréis qué hago contado todo esto, pero quiero desahogarme un poco sobre la vez que peor lo pasé por culpa de este enfermedad.

Me acuerdo que llevaba unos meses con la glucosa mal, ya que era verano y salía con mis amigos y obviamente yo también quería comer y hacer todo lo que ellos hacían aunque en el fondo sabía que eso perjudicaría mi salud. Pero claro, tenía miedo a que se alejaran de mí por ser distinta.

Un día de verano me empecé a encontrar muy mal y yo decía: «nada, será que me he puesto mala o algo…» Pero al cabo de tres días, mi cuerpo empezó a dar señales de que algo malo me estaba pasando: no tenía ganas de comer, solo quería dormir, me dolía mucho la tripa, bebía agua y la vomitaba y eso era a causa de que la diabetes estaba muy descontrolada. Me cambiaron de pediatra, y cada vez que iba, veía a un endocrino nuevo y nunca llegaba a estar bien. (Endocrino: así se les llama a los médicos especialistas que trabajan con pacientes como yo).

Fui a mi centro médico y me pusieron goteros y medicamentos. Pero como no mejoraba, mi madre me llevó al hospital de La Janda. Luego fuimos al de Puerto Real. Allí me ingresaron en la Unidad de Cuidados Intensivos. Si no me hubieran ingresado, quizá no habría escrito este artículo. En la UCI estuve una semana y lo pasé muy mal.

Fue una experiencia terrible. Fue un periodo de mi vida en el que prefería morir, sinceramente. Pero tuve que sacar fuerzas, si no esta enfermedad hubiera acabado conmigo, porque la Diabetes tipo 1 afecta a todos los órganos silenciosamente. Nunca sabes si tu «yo» de dentro está bien o no. Hay casos que personas que se quedan ciegas, tiene que ir a diálisis, les amputan una pierna o brazo… pero gracias a todas las personas que estuvieron a mi lado diariamente y, sobre todo, a mi madre esta situación no llego a más en mi caso.

En conclusión, he escrito este artículo de manera anónima, porque describo una situación muy personal que no se la contaría a todo el mundo. Si me permiten, en el próximo artículo contaré cómo es mi vida en cuanto a lo que como durante una semana.

Por último, me gustaría preguntaros: ¿cómo habríais actuado en una situación como la que os he descrito? A mí me tocó vivirla, pero no olvides que hoy, después de cuatro años, sigo aquí y os estoy contando mi experiencia. Mañana podría pasarte a ti, ya que es algo que no buscas y jamás en la vida desearías, pero puede pasar en cuestión de segundos y sin haber hecho nada, porque si lo piensas bien, ¿qué mal hace un persona de diez años que solo quiere divertirse? Hasta ahora no he encontrado una respuesta a esta pregunta. Es una suerte no tenerla porque todos hablan y te dan consejos para que hagas las cosas bien, recuerda que «Hasta que no lo vives no sabes cómo es»,

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