¿Alguna vez te has puesto a pensar en lo que implica ser andaluz? ¿Qué opina la gente de fuera de Andalucía de nuestro acento? ¿Qué opinamos nosotros mismos? ¿Nos sentimos avergonzados u orgullosos de cómo hablamos?
Generalmente, no nos planteamos estas preguntas hasta que viajamos fuera de nuestra Comunidad y cuando se enteran de que eres andaluz y recibes un “ah, ¿eres andaluz? Cuéntame un chiste” o un “qué graciosos hablas”.

¿De dónde viene esto?
Esto viene provocado, principalmente, por la imagen que muestra los medios de comunicación del andaluz. Solo nos tenemos que poner a pensar en personajes andaluces de películas o series de televisión. Personajes de series tan famosas en España como La que se avecina y Aquí no hay quién viva o películas animadas como Shrek o Toy Story. Todos estos personajes tienen algo en común: son andaluces, graciosos, y muchos de ellos sin mucha cultura y con profesiones poco prestigiosas.
Esto hace que se cree un falso estereotipo del andaluz, que conlleva una serie de consecuencias negativas como, por ejemplo, que el resto de los españoles no tomen en serio a los andaluces, la exageración del acento andaluz para hacerse el gracioso en ciertas ocasiones, la sensación de desprecio por el resto del España, complejo de inferioridad, dificultad de acceso al trabajo, que los andaluces sientan que su sistema educativo es más frágil y menos reconocido, etc.

Podemos ver esto representado en la realidad de nuestro centro…
Para reflexionar sobre esta cuestión en las aulas, en algunos cursos en la clase de Lengua de nuestro instituto, el alumnado ha preguntado a sus familiares sobre la identidad lingüística andaluza.
Entre las opiniones más llamativas leemos algunas como que el andaluz es “un acento un poco brusco”, “la mayoría de las personas opinan que hablamos mal”, que es un acento que se habla “como cantando” y, además, “gracioso”; En contraposición, el castellano sería más “correcto” y “se entiende mejor que el andaluz”. Y, por tanto, las asignaturas del instituto deberían impartirse en castellano. Sin embargo, la mayoría de los entrevistados se sienten orgullosos de su habla y no consideran que los maestros deban cambiar su forma de hablar.





¿Y esto por qué ocurre?
Porque la mayoría de las personas, ya sean andaluces o no, tendemos a confundir lo rasgos vulgares o los rasgos propios de personas con pocos estudios con el acento propio de un dialecto. Así, el ceceo, por ejemplo, tiene un estigma negativo, porque la gente lo entiende como algo vulgar, cuando realmente es un rasgo propio del ANDALUZ.
¿Y cómo se soluciona?
Entendiendo y amando nuestro acento. Sabiendo distinguir lo que es “hablar mal” de lo que es hablar andaluz. Y claramente, sintiéndonos ORGULLOSOS de nuestra tierra y nuestra forma de hablar.
Jimena (1º ESO): “el acento es tu tesoro, no lo pierdas nunca”
Padre de Laura (4º ESO): “estoy orgulloso, porque nuestro dialecto es un rasgo de la persona andaluza y hace que nos identifiquemos, por decirlo así.”







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